Vamos a arrojar un poco de luz sobre lo que significan los conceptos natural, vegetal y orgánico dentro del ámbito de la coloración capilar.
Podemos estar de acuerdo o no, pero hoy en día está cada vez más en boga la coloración menos agresiva y menos tóxica. No estamos hablando únicamente de modas, sino de salud: la de nuestros clientes y, al final, también la nuestra.
Estamos hablando de productos que permanecen en contacto con la piel —concretamente, con el cuero cabelludo— durante un tiempo determinado, ya sean 30 minutos o, según el tipo de coloración, hasta 120 minutos o más.
¿En qué se diferencian la coloración natural, la orgánica y la vegetal?
Coloración orgánica
Nos referimos a las coloraciones de nueva generación que han aparecido durante los últimos años. Muchas de ellas se presentan en formatos óleo-gel y la mayoría no contienen amoníaco, una sustancia alcalinizante que puede provocar irritación en el cuero cabelludo.
El amoníaco suele sustituirse por otro alcalinizante, como la MEA, que, a diferencia del primero, no se evapora durante el proceso y puede permanecer como residuo.
También encontramos fórmulas sin PPD, un colorante químico que provoca buena parte de las alergias cutáneas relacionadas con la coloración. En muchos casos, la PPD se sustituye por PTD, otro colorante químico que también puede ser alergénico, aunque generalmente en menor proporción.
La mayoría de las firmas están apostando por este tipo de coloración. Sin embargo, debemos tener claro que no podemos caer en la trampa de pensar que todo es bueno y que todo vale. No es oro todo lo que reluce y tenemos que ser conscientes de que este tipo de coloración no puede ofrecer exactamente los mismos resultados que el tinte químico convencional, debido a que no contiene los mismos componentes.
Como profesionales, también debemos tener la capacidad suficiente para comprender que esta coloración no puede dejar un acabado tipo «Titanlux» o betún, ya que se supone que es más natural y suave en cuanto a sus ingredientes.
Al mismo tiempo, sería conveniente que este tipo de coloración contara con un protocolo de actuación y aplicación diferente. De lo contrario, no será tan «natural» como algunas marcas quieren hacer creer. Si se aplica igual, se deposita de la misma manera, necesita el mismo tiempo de exposición y cubre las canas exactamente igual, ¿dónde está la diferencia de una coloración sensible?
Debemos recordar que contiene MEA, una sustancia que no se evapora y que puede permanecer como residuo. De ahí la importancia de realizar correctamente el protocolo de emulsión justo antes de aplicar el champú.
Tenemos que ser lo suficientemente profesionales como para explicar a la clienta que los resultados son diferentes y más naturales. De lo contrario, nos encontraremos con respuestas que no serán de nuestro agrado: «No me cubre», «No me tapa las canas» o «Da la sensación de que el color está más claro».
Son situaciones que podemos evitar si explicamos previamente y con detalle que este tipo de coloración no ofrece el mismo resultado que una coloración química convencional.
Coloración natural
Es una coloración elaborada a base de plantas que puede contener otras sustancias, como minerales, que ayudan a pigmentar.
No contiene PPD, amoníaco ni oxidantes. Trabaja sobre la cutícula y recubre el cabello como si se tratase de un barniz.
Raramente provoca alergias, salvo en casos de cueros cabelludos especialmente sensibles a alguno de los minerales utilizados.
Coloración vegetal
Es una coloración 100 % natural, sin añadidos de ningún tipo, ya sean minerales, metales, PPD o amoníaco.
Está fabricada exclusivamente con plantas pigmentarias y frutos. En muchas ocasiones también se añaden plantas ayurvédicas para conseguir un efecto terapéutico y de tratamiento sobre el cabello y el cuero cabelludo.
Raramente provoca alergias. Puede aparecer cierta sensibilidad cutánea a algún componente herbal, pero normalmente sin llegar a los extremos de las reacciones causadas por pigmentos como la PPD.
Este tipo de coloración se utiliza desde hace más de 4.000 años. Popularmente se conoce como henna, que es la planta pigmentaria por excelencia.
Sin embargo, la mayoría de las firmas no comercializan henna pura, sino mezclas preparadas en diferentes colores. Muchas personas las llaman erróneamente «barros», cuando en realidad se trata de coloraciones vegetales.
También debemos señalar que no todas las coloraciones vegetales son iguales. Su calidad puede variar mucho según la procedencia de las plantas, la cosecha —ya sea de primavera o de otoño— y, por supuesto, la manipulación realizada por la fábrica o el laboratorio.
Personalmente, prefiero las coloraciones vegetales manipuladas en el lugar de origen y no aquí, en España, ya que no es lo mismo y los resultados finales tampoco son iguales.
Estas coloraciones son compatibles con trabajos de permanente y con coloraciones químicas.
En el caso de las permanentes, pueden retrasar algunos minutos el tiempo necesario de exposición. En el caso de una decoloración, hay que actuar con precaución. El cabello coloreado con Lawsonia mantiene siempre un reflejo dorado y, cuando ha sido coloreado con índigo, el resultado de la decoloración puede ser un verde fosforito.
Otro capítulo aparte son las denominadas hennas compuestas, que no dejan de ser hennas adulteradas con metales pesados o, en muchas ocasiones, con amoníaco y otros productos químicos potencialmente nocivos.
Estas hennas no son compatibles con las decoloraciones ni con las permanentes utilizadas en nuestros salones. De ahí que muchos peluqueros sientan cierta antipatía hacia la henna cuando alguien llega al salón y comenta: «Llevo henna de herbolario».
¿Cómo actúan estas coloraciones sobre el cabello?
A grandes rasgos, podríamos explicarlo de la siguiente manera:
La coloración química actúa sobre el córtex del cabello, eliminando o aclarando parte de su pigmento natural.
La coloración orgánica, siempre que realmente cumpla lo que promete, podría actuar aproximadamente en un 90 % sobre el córtex y en un 10 % sobre la cutícula, por poner una proporción orientativa.
La coloración natural y la vegetal actúan sobre la cutícula, sin modificar el pigmento natural del cabello, ya que no tienen poder de aclaración.
Todo esto debe hacernos reflexionar sobre hacia dónde queremos enfocar nuestro trabajo y qué tipo de salón queremos tener.
Podemos orientar el negocio hacia un ambiente más saludable y sensible, trabajando principalmente con coloraciones vegetales y orgánicas. También podemos reservar solamente una parte del salón para este tipo de tratamientos y continuar ofreciendo servicios convencionales.
Debemos tener presente que este servicio y estos productos suelen tener un precio más elevado para el cliente, y no todas las personas están dispuestas a asumir ese sobrecoste.
También debemos recordar que, cuando decidimos apostar por un salón lo más saludable posible y con la menor cantidad de productos tóxicos, existen determinados servicios que pueden resultar poco compatibles con esa filosofía de trabajo.
¿Qué sentido tiene dedicarse a la coloración vegetal 100 % si, justo al lado, estamos intentando convertir un cabello teñido de negro en blanco, con todo lo que ello implica: varias decoloraciones y posteriores matizaciones con tintes sintéticos?
Supongo que aquí entra en juego el gusto personal de cada profesional y la filosofía que quiera desarrollar en su salón.